I. HACIA LA CONSTRUCCIÓN DEL CANAL ( 1.844-1.878).
Conocidas desde 1.838, las minas de Orbó únicamente comenzaron a ser explotadas desde 1.844, a cargo de la sociedad A Esperanza de Reinosa, formada por pequeños capitales procedentes en su mayoría de esta vecina villa.
En los primeros años las minas, escasamente aprovechadas, consistían en simples y someras labores a cielo abierto. Sólo con la inauguración del tramo hasta Reinosa del ferrocarril de Alar-Santander en 1.857, resultó posible el acceso de los carbones de Orbó a los mercados nacionales; en función de ello la explotación a cielo abierto, mediante zanjas, pudo ser sustituida por labores de galería, más exigentes en inversiones (véanse CABELLO, EZQUERRA, 1.844; MARTÍN). Sin embargo, no será hasta 1.864, con la inauguración del ferrocarril minero de Barruelo a Quintanilla de las Torres (sobre el Alar- Santander), cuando tendrá lugar en Orbóel inicio de A la explotación en gran escala (VILLALVA, 75; véase también ORIOL, 1.873).
Desde entonces la dirección facultativa ( y, más tarde, también la gerencial) correrá a cargo de Rafael Gracia Cantalapiedra ( 1.828-1.878), ingeniero de minas y hasta entonces la dirección de las vecinas explotaciones de Barruelo. Hombre merecedor, por más de un aspecto, de un trabajo específico y, en cualquier caso, de sobresaliente preparación técnica, Gracia Cantalapiedra será, hasta su muerte, el responsable del diseño general de las explotaciones.
El acceso a las capas se realizaba, en esa época, por medio de galerías, transversales y de dirección, Hacia 1.874, con el agotamiento de los campos explotables por encima del nivel de los valles, Gracia Cantalapiedra dirigirá la perforación y mamposteado de dos pozos maestros ( el pozo Rafael, de 113 m., en el grupo San Ignacio y el pozo Jovita, de 78 m., en el grupo Peragido). La muerte, sin embargo, hubo de sorprenderle sin llegar a presenciar la extracción del carbón por los pozos. El arranque, a pólvora y pico, se realizarse mediante vagonetas movidas por fuerza humana. Una vez en las plazas exteriores, los carbones que no precisaban de lavabo, debido al empleo de tableros móviles en los tajos de arranque y a una constante y exquisita vigilancia (ORIOL, 1.888, p. 31)- eran clasificados según su procedencia y composición docimástica. Aquellos que se prestaban a ello eran cotizados en carboneras al aire libre, sin empleo de hornos de ninguna especie. Los menudos, muy abundantes en función de la naturaleza quebradiza de las hullas de la zona, eran aglomerados (al menos desde 1.856) en una máquina Mazeline-Cody (véase fig. 1). Clasificados y, en su caso, transformados, los carbones eran transportados en carretas de bueyes hasta las estaciones de Porquera (en el caso del grupo Peragido) y de Cillamayor (en el caso del grupo San Ignacio), ambas sobre el ferrocarril de Barruelo a Quintanilla de las Torres ( véanse ORIOL, 1.873; BENTABOL, ZUZNÁVAR, 1.879 a; ORIOL, 1.888).

Fig. 1 La fabricación de aglomerados, 1879.
Tal era, de un modo general, la organización de las labores que Mariano Zuaznávar hubo de encontraste a su llegada a las minas, a mediados de 1.878, unos pocos meses después de la muerte de Gracia Cantalapiedra (véase ZUAZNÁVAR, 1.879 a).
Era en ese momento Mariano Zuaznávar y Arrascaeta (1.841 1.916) un ingeniero de minas cuyo ejercicio profesional había tenido lugar en el servicio oficial, sin apenas contacto con el mundo de los negocios y de las empresas privadas. Con una sólida preparación técnica y una pizca a arrogancia, su llegada a Orbó hubo de suponer cambios muy sustanciales y bruscos en la organización preexistente de las labores. Al cabo de tan sólo un año de permanencia como director facultativo de las minas, Zuaznávar había Aejecutado considerable número de obras nuevas( BENTABOL, P. 362).
En lo que al arranque se refiere introducirá, por primera vez en la minería española, el uso de la dinamita, en sustitución de la pólvora ordinaria (véase MALLADA).
Por su parte, la transformación final se verá también modificada en virtud de la instalación de cribas fijas de clasificación, así como de un macizo de ocho hornos de cotización, todo ello en la plaza del pozo Rafael (véase BENTABOL).
Pero será en el ámbito del transporte en el que la reorganización de Zuaznávar se dejará sentir con mayor intensidad. En el transporte exterior, en primer lugar.
Un anónimo redactor contemporáneo escribía en 1.879: AEL señor Zuaznávar, comprendiendo perfectamente la influencia extraordinaria que en la explotación del carbón tiene la perfección en los medios de arrastre, ha dirigido con acierto de miras y ha logrado realizar una transformación completa en el sistema general de transportes (MINAS, p. 250). Los cambios introducidos, inaugurados en agosto de 1.879, suponían la salida de los carbones por un recorrido único: de la plaza del pozo Rafael a la estación de Cillamayor. Indicada la extracción por el pozo Jovita, ello equivalía a que los carbones del grupo servido por este pozo pasasen, antes de ser conducidos al ferrocarril, por la plaza de pozo Rafael. Fue preciso construir entonces un plano inclinado ascendente, movido por un palacete de caballerías, para sacar a la luz esos carbones, Una vez en el exterior debían ser transbordados a pala a las vagonetas de un tranvía exterior automotor, situado situado a media ladera, que los conducía hasta un plano inclinado descendente por el cual alcanzaban la transversal general del grupo San Ignacio y, a través de ella, la plaza del pozo Rafael. Se reunían allí con los carbones extraídos por este último para ser clasificados o, en su caso, aglomerados o cotizados y, más tarde, salir hacia la estación de Cillamayor cargados en un tranvía exterior (superpuesto a la vieja carretera desde el que deberían ser de nuevo transportados a los vagones del ferrocarril del Norte (véanse MINAS, BENTABOL, ORIOL, 1.888).

Fig. 2 Los hornos de cokización, 1879.
Este ya de por sí intenso trasiego de los carbones se verá considerablemente incrementado con las reformas proyectadas por Zuaznávar en el ámbito de la circulación interior de los mismos. El canal subterráneo constituirá la pieza clave de esas reformas, e introducirá efectos en cadena sobre la mayor parte de los aspectos logísticos de la explotación. Sin embargo, y si hemos de dar crédito a su autor, la idea del canal no surgió en origen de consideraciones relativas al transporte interior, sino más bien de preocupaciones referentes al el eventual desagüe de las labores superiores cuando hubiera de ser puesto en explotación el campo servido por el pozo Rafael. La profundidad de éste, la débil pendiente de la topografía exterior en el sentido longitudinal del valle, y la exigencia de una fuerte pendiente en la eventual galería de desagüe (exigencia planteada por la abundancia de aguas en ciertas épocas del año), eran todas cuestiones que Alargaban extraordinariamente el trazado de aquélla (ZUAZNÁVAR. 1.879 b, p. 267).
Según parece, fue esa dificultad la que reorientó la reflexión de Zuaznávar la convivencia, mejor dicho, la necesidad, obligó al Ingeniero, a idear el canal subterráneo (ZUAZNÁVAR, 1.879 b, p. 267; véase también ZUAZNÁVAR, 1.881).
Por lo demás, la construcción del canal parecía técnicamente posible, dado que Ala base de carbonífero. Aquí es completamente impermeable, condición de primer orden (ZUAZNÁVAR, 1.881, P. 59). La condición económica del proyecto no hacía otra cosa, además, que confirmar la conveniencia de la construcción del canal. De un lado porque habría de permitir el explorar sin riesgos de inundación un volumen de hulla cuyo valor estimado se elevaba al quíntuplo del presupuesto de construcción del canal y que, de otro modo, debería ser abandonado como llave de las aguas colgadas en niveles superiores. Por si esa amortización no fuese suficiente, Zuaznávar argumentaba (apoyándose en una autoridad como Ezquerra del Bayo, cuyo tratado hubo de estudiar en la Escuela de Minas) sobre la base del ahorro futuro en el coste unitario de transporte interior de los carbones, y también sobre la base de la posible utilización integrada de la energía producida oír la caída libre de las aguas por el pozo Rafael (véanse ZUAZNÁVAR, 1.879 b; ZUAZNÁVAR, 1.881).
Es así como o que comenzó siendo un proyecto convencional de galería de desagüe ( y, natural- mente, también de arrastre y ventilación) pasó a convertirse en una obra de ingeniería civil excepcional en el panorama tecnológico de la minería española de la época. Animado de sus propias convicciones, y con el consentimiento y apoyo de la empresa propietaria, Zuaznávar se creyó en condiciones de presentar su proyecto como un acto de virilidad que debía servir de norma y ejemplo a otras empresas mineras que no saben sacrificar hoy un capital para obtener la recompensa en lo futuro (ZUAZNÁVAR, 1.879 B, P. 268). El tiempo - y bien pronto- habría de quitarle la razón. Pero la obra fue hecha.
II. EL CANAL: CONSTRUCCION Y FUNCIONAMIENTO (1.879-1.885).
El presupuesto para la apertura del túnel fue firmado por Zuaznávar el 18 de febrero de 1.879. La duración prevista para la perforación era de 26 meses, a finalizar, pues, en mayo de 1.881; y el coste de la obra era de 150.000 pesetas. Tal presupuesto debió ser inmediatamente aprobado por la empresa, dado que un mes después, el 19 de marzo, se iniciaban las obras (véase ZUAZVÁVAR, 1.879 b).
La rapidez en la perforación preocupaba, con razón, a Zuaznávar; de alargarse en exceso los plazos, habría de pensarse en dotar el pozo maestro de una potente máquina de extracción (ZUAZNÁVAR,1.879 b, p. 268), a fin de no paralizar el arranque del carbón y, con él, la liquidez de la empresa, en un momento en el que a ésta se le exigía un desembolso muy considerable. Debió ser esa observación la que movió a nuestro hombre a optar por el empleo (sobre estéril, por el momento) de la dinamita y, sobre todo, a llevar a cabo una perforación simultánea desde doce frentes de ataque, para lo cual hubo de construir cinco pozos auxiliares intermedios entre la boca y la culata del trazado previsto del túnel. Tales opciones, unidas a la organización de los trabajos por medio de contratas a destajo, parecen haber dado los resultados esperados, hasta el punto de que el 16 de febrero de 1.881 Zuaznávar podía vanagloriarse de que, habiendo llevado a buen fin el último rompimiento, no se ha gastado más suma de dinero que la presupuestada exactamente, y en cambio han sobrado tres meses de tiempo (ZUAZNÁVAR, 1.881, p. 59). Muy poco tiempo más tarde podría vanagloriar- se también de la encomienda de número de Isabel la Católica que, a propuesta de la Jefatura Superior de Minas, habría de serle concedida por tal obra.
Las cosas no parecen haber ido tan bien ni tan rápidamente en lo que se refiere a las obras necesarias para la efectiva puesta en funcionamiento del canal. En 1.882 la Jefatura de Minas del distrito de Palencia informaba de que en el año anterior las obras de acondicionamiento de aquél se encontraban muy adelantadas, y de que su inauguración se preveía para finales de 1.882 o comienzos de 1.883 (véase estadística minera de Espada, 1.881). Tal plazo no parece haber sido cumplido. Por encima de las discrepancias de las fuentes en relación con la fecha de inauguración (véanse Estadística minera de Espada, 1.884; ORIOL, 1.888), lo cierto es que el plazo previsto para ella debió ser superado en algo más de un año. Las dificultades económicas de la empresa parecen haber tenido que ver con ese retraso. Pero antes de examinarlas, conviene describir con cierto detalle la obra del canal y su funcionamiento.
Su desarrollo longitudinal, tal y como estaba previsto en el proyecto, era de 1.775 m., medidos desde el anchurón del pozo Rafael, a 112 m. Bajo la superficie, hasta la salida al exterior del canal. Su sección transversal, en disposición hexagonal irregular, era de 2,40m. De alto por 2,40 m. En el techo). Su mitad inferior debió estar revestida de cal hidráulica, más tarde, mamposteada; su mitad superior, por el contrario, estaba fortificada por entibación de portadas apoyadas sobre soleras empotradas en los muros. En la caldera del pozo, un anchurón albergada la dársena y los muelles de carga. En la salida otra dársena, mamposteada, retenía el agua y la mantenía, por medio de un aliviadero, a un nivel constante de 1 m. de profundidad como máximo. El aliviadero permitía, además, la sangría del canal (es preciso no olvidar que el canal, por su propia naturaleza cumplía también funciones de galería de desagüe, y que éste era como media, de 86 m3 diarios), así como su vaciamiento completo para eventuales operaciones de dragado y limpieza.
Desde el punto de vista funcional el canal era, a la vez, sencillo e ingenioso en la utilización de los recursos. En los muelles de carga, los carbones (o, eventualmente, los escombros) eran cargados a pala en unas cajas de madera o de hierro que encajaban en unas lanchas de fondo plano, construidas en palastro, con unas dimensiones de 10 m. de largo, 1,75 m, de ancho y 1 m. de alto. Cada lancha, que tenía un pequeño espacio para el conductor, podía cargar hasta 2 Tm. de materiales. Las lanchas eran fijadas, por medio de la mano del conductor o, en otros casos, por medio de unas barras de hierro rematadas en una ingeniosa mano mecánica, a un cable de acero sin fin, de 8 mm. de diámetro y de aproximadamente 3.600 m de longitud, el cual, tendido en el techo del canal, recibía el movimiento de dos poleas arrastradas por una rueda hidráulica. Esta, por su parte, era movida por la energía aportada (en una cantidad media de 6 CV) por la caída de las aguas por el pozo. En la dársena exterior, una grúa descargaba las cajas que contenían el carbón, que pasaba entonces a ser clasificado en las cribas y, en su caso, transformado en cok o aglomerados (véase Estadística minera de España, 1.886; GIL, ORIOL, 1.888; MALO).
III. DE CANAL A GALERIA DE ARRASTRE CONVENCIONAL (1.886-1.895)
Lamentablemente, la obra del canal no vio la luz en el momento más adecuado. La inauguración en 1.884 del ferrocarril del Noroeste significó en los años siguientes la irrupción avasalladora de los carbones asturianos en las principales plazas del país. Lo hicieron, además, a unos precios que los carbones palentinos no estaban en condiciones de soportar, de tal modo que bien pronto éstos se vieron desplazados de sus mercados tradicionales, hasta el punto de que incluso la poderosa Compañía del Norte, propietaria y explotadora de las minas de Barruelo, optó por abastecer sus líneas, a partir de 1.887, con carbones asturianos.
En Orbó la crisis se dejó sentir con mayor intensidad aún; en tan sólo cuatro años, entre 1.884 y 1.887, la producción de hulla bruta se redujo en algo más de la mitad. Por otro lado, y si hemos de dar crédito a la opinión -probablemente interesada- de Román Oriel, el costo unitario de producción no habría hecho otra cosa que elevarse desde 1.883. La razón principal de ello, siempre según este autor, habría que buscarla en el incremento de los costes de transporte interior introducidos por el canal, así como en el aumento de la proporción de menudos (en perjuicio del granadillo, de venta más fácil y sustanciosa), como resultado de los demasiados trasiegos a los que se veían sometidos los carbones(véanse GIL, ORIOL, 1.888).
La difícil posición de los carbones palentinos en la nueva coyuntura, unida -en el caso específico de Orbó- a los efectos introducidos por el canal, parecen haber dado como resultado una considerable descapitalización de la empresa. Esta, en efecto, había debido hacer frente, en muy difíciles condiciones comerciales, a unas inversiones muy sustanciales, tanto en lo que se refiere a la obra misma del canal, como a los necesarios desplazamientos, hasta su salida, de las instalaciones de exterior. La situación parece haberse hecho insostenible, por cuanto en abril de 1.886 los propietarios de la empresa deciden la enajenación de las pertenencias de la mina y su subsiguiente liquidación (véase Revista minera, 1.886,p. 127).
Por motivos de fina y extremada delicadeza, es decir, en función de la comprometida situación en la que se habría visto con el cambio de propietarios, Zuaznávar abandonará, en marzo de 1.886, la dirección facultativa de las minas ( Su ilimitada confianza en la obra de Orbó, que le hacía afirmar de ella, en 1.881, que Permitirá a la Sociedad, luchar ventajosamente con los combustibles Asturianos y Leoneses una vez terminada la línea férrea de Asturias, Galicia y León, parece haber conducido a la ruina, en el contexto comercial por él previsto, a la empresa y, con ella, a las minas de Orbó, que arrastrarán una existencia mortecina hasta que, en 1.909, Carbonera Española, S.A., empresa perteneciente al poderoso grupo presidido por el Marqués de Comillas, se haga cargo de la cuenca.
A partir de 1.886, los nuevos propietarios de la sociedad Esperanza de Reinosa encargarán de la dirección facultativa a un nuevo ingeniero. Elías Palacios, haciendo suyas las duras críticas de Oriol acerca del canal, así como su diagnóstico de que mientras no desaparezca, no es posible que la explotación de Orbó pueda resultar barata (ORIOL, 1.888,p. 33), acomete, entre 1.887 y 1.890, toda una serie de reformas tendentes a limitar sus efectos negativos sobre los costes unitarios de producción. Comienza por suprimir la explotación del grupo Peragido y, con ella, las innecesarias complicaciones del sistema de transporte exterior entre ese grupo y el grupo San Ignacio. Pero será en el propio canal en el que las reformas de Palacios presentarán un alcance más significativo (véanse figs. 4 y 5). En primer lugar, el lo que a la fase de descarga se refiere. Entre 1.887 y 1.888 el dársena exterior será transformado en esclusa gracias a la cual las lanchas podían ser colgadas de un carro montado sobre carriles tendidos en sus muros laterales, y conducidos directamente a la fábrica de aglomerados o a los hornos de cotización. Tal reforma eliminaba al menos dos trasiegos de los carbones y, además, contribuía a Rebajar los excesivos jornales que se empleaban a estas operaciones. La segunda reforma de importancia, también en el sentido de disminuir el número de los trasiegos, tuvo lugar en el otro extremo del canal, en los muelles interiores de carga. Estos fueron refortificados, con ladrillo y mampostería, a fin de que sobre ellos pudieran ser instalados doce volcadoras que cargaban directamente las lanchas, eliminando así la carga a pala y, con ella, varios jornales. La reforma clave será, sin embargo, la que hacia 1.890 transformará la fuente de alimentación energética del sistema en su conjunto. El motor hidráulico para movimiento del cable flotante será sustituido por una máquina de vapor locomovible (Tangyes Ltd).de mayor potencia, instalada, además, en el otro extremo del sistema, en la dársena-esclusa exterior. El agua caída por el pozo Rafael pudo entonces ser aprovechada para mover una balanza de agua o ascensor hidráulico por medio del cual los escombros de los tajos podían ser izados hasta el exterior. Con ello, además de limitar la densidad de tráfico del canal y los incómodos cruces de lanchas, ser producía un ahorro importante en los que se refiere a compras de terrenos para depósito de los escombros (vénse ORIOL, 1.888; MALO).
Este conjunto de reformas suponía un intento de racionalización y, sobre todo, de reasignación espacial de funciones en el sistema proyectado y construido por Zuaznávar. Suponía, en particular una disminución sustancial del número de puntos de ruptura de carga y, con ella, la supresión de varios jornales y la limitación del riesgo de producción de menudos. Todo ello, sin embargo, no parece haber sido suficiente (en un contexto de persistentemente difíciles condiciones de mercado). Como para resolver los problemas gerenciales planteados por el canal. De tal modo que en 1.895, tan sólo diez años después de su inauguración, el canal que había sido el primero y único de su clase que se construyó en España (MALLADA, p. 8.), Pasó a mejor vida: Fue desecado y transformado en galería de arrastre convencional, con tracción animal . Como tal, y con algunas transformaciones como la instalación de tracción eléctrica en 1.915, el viejo canal, recuperada su vocación primera, siguió prestando sus servicios durante décadas.

Fig. 5 El canal subterráneo, 1890: planta y sección de los muelles, sección del canal y
detalles del sistema de carga (tomado de Malo de Molina, 1889-1890).
Hoy, tras el cierre definitivo de las explotaciones de interior en 1.969, su estado de conservación es lamentable. Destruida la esclusa, inundado el túnel y enfangada su salida, esta obra única de la tecnología minera española vive tan sólo en el arco levemente monumentalizado de su culata, y en la memoria sin recuerdo de la toponimia, Los hoy escasos habitantes de la zona continúan denominando a aquel paraje, con obstinación ejemplar, con una simple voz: A el canal.
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