Valdecebollas (2.136 metros), El Cueto (2.083 metros), El Sestil (2.060 metros) son las crestas más notables del farallón de la Sierra que hace de frontera con Cantabria y protege al valle de los severos fríos del norte. Desde esas altitudes se despliega el valle espacioso y entrañable de Santullán, evocación de un oscuro lugar llamado San Julián que derivó posteriormente en ermita dedicada al santo.


Calzada romana, paso legendario en el Collado de Somahoz

Según el diccionario Madoz, Barruelo, a finales del siglo pasado y principios de éste, era un reducto con una población que no llegaba a la docena de familias. Ninguno de aquellos aldeanos suponía que bajo el suelo que pisaban, unas poderosas vetas de carbón transformarían aquel terruño accidentado en la década de los cincuenta, en uno de los núcleos más activos, ricos y nerviosos de la provincia. La geografía de cuestas y estrecheces se vió, de pronto, colmada de viviendas que se apiñaron hasta la congestión con una población cercana, en los momentos de esplendor, a los nueve mil habitantes. La crisis del carbón puso freno a este admirable empuje. Asistimos hoy a un revival a través de nuevas iniciativas de servicios (instalación de un polígono, futura creación del Museo de la Minería, promoción de turismo estacional, etc...)


Endrinas. Valdecebollas y Arribas de Acebas

Brañosera es un pueblo con raíces romanas, aún pueden pisarse hoy tramos enlosados de una calzada, como en Salcedillo y La Pedrosa, que exhibe con orgullo poco disimulado su condición de primer ayuntamiento de España. Fue en el año 824 cuando el conde Munio Núñez concedió a los pobladores el célebre primer Fuero o Carta Puebla que permitía cobrar impuestos y administrar posesiones.

Brañosera tiene una rica tradición cantera que ha hecho surgir un espléndido conjunto de casas de admirable factura, con ciertas muestras significativas de heráldica y blasones. Rodeada de bosques amplios y generosos, desde cualquier mirador puede disfrutarse de una panorámica de gran belleza. Tiene una entrañable iglesia románica que guarda en su interior una valiosa pila bautismal con decoración de motivos vegetales y geométricos.

En el linde con Cantabria, Salcedillo es un pueblo recoleto de estampa rigurosamente montañesa. Una iglesia del románico arcaico, y un puñado de casas de sillares, logran una instantánea de intensa calidad.

 

En el descenso hacia el sur, el pasajero se verá sobrecogido por el pequeño parque Natural de La Pedrosa con una generosa gama de árboles, brezos y monte bajo, donde el río Rubagón se ha ido abriendo paso, provocando alrededor un conjunto de campos y praderas que invitan a excursiones familiares y campestres.

A lo largo y a lo ancho del Valle un repertorio de pueblos mantiene con vigor una de las muestras legendarias de lo que ya es conocido universalmente como el Románico Palentino. Revilla de Santullán (portada, simetría del conjunto, canecillos, restos de pinturas murales); Villanueva de La Torre (magnífica iglesia e imponente torreón, ambos del siglo XII). Cillamayor, Villavega, Bustillo, Verbios y Porquera de Santullán, con muestras representativas del románico rural. Vaberzoso, rodeado por una corona de bosques y praderíos.

Ya lo hemos dicho al principio, el valle de Santullán, de trazos suaves y de una envidiable variedad de cromatismos y texturas, tiene en sus lomas pueblos recoletos que hacen de miradores naturales: Villabellaco, Valle de Santullán, Matabuena, con una excelsa muestra de románico en su iglesia parroquial, Monasterio, Mudá, con el mirador de La Virgen de La Peña, su recurrida oportunidad para el senderismo y paseos a caballo y cuyos aires aparecen surcados con frecuencia por aves rapaces, Nava de Santullán y Santa María de Nava con algunas admirables casas con torres y blasones, Orbó engarzado en la falda de El Cocoto, Vallejo de Orbó que conserva el encanto de un pueblo colonial modélico

 

Frontera entre cántabros y los habitantes de la Meseta, conserva huellas de un pasado de transaciones comerciales e intercambio de culturas, artesanías y modos de vida. Constituye el centro de la Montaña Palentina y una de las principales alturas de esta geografía lleva el significativo nombre de Tres Mares. Las otras son Peña Labra, Horca de Lores y Carazo.

El Pisuerga es el río hegemónico de aquí. Nace, en realidad, en Sel de La Fuente, pero un primer tramo de su curso es cladestino hasta salir resueltamente a la luz en La Cueva del Cobre (nacimiento oficial de los libros de texto). Da nombre a pueblos, fertiliza valles y campos, presta sus lomos al descenso de piraguas y junto a un afluente suyo que tiene estatura de río, el Rivera, alimenta dos embalses. El de Resuesga y el de Requejada, con colonias de fauna fluvial y aves migratorias.

Hay dos valles legendarios; Los Redondos y Castillería que son antologías de paisaje y arquitectura (casas con corral, cobertizo, cuadras y hornera).


El Bocarón. Casavegas

Sumergirse en ellos con detención regala una experiencia que tiene mucho de magia.

El río Piguerga impuso la mitad del nombre a un pueblo llamado antiguamente "Cervaria" (quizás por la abundancia de ciervos en sus bosques). Es hoy Cervera de Pisuerga, y hace de puerta de entrada a esta admirable cartografía.

Bañada por dos ríos, una curiosa estadística atribuye a Cervera más de dos mil horas de sol al año. Todo un yacimiento de luz. Soberbios blasones en casas de sillares hablan del pasado señorial. En el siglo IX, la repoblación fue llevada a cabo por los monjes lebanienses. Durante cientos de años, fue señorío de los Condes de Siruela, y una estela de hidalgos ejerció el peso de su influencia sobre la vida económica y social del pueblo.

En Cervera se ha configurado desde antiguo un intenso nudo de comunicaciones. Por sus vías han transitado romeros, peregrinos, pastores trashumantes. Pero sobre todo, han sido arterias comerciales. Esta marea de idas y venidas, de transacciones con gentes diversas ha conformado un talante respetuoso y abierto. Ambas cosas, la vocación de encrucijada y el estilo liberal y hospitalario, se conservan en nuestros días.

La Plaza Mayor, porticada y sobria, exhibe columnas de piedra y capiteles de los siglos XVI y XVII. La iglesia de Santa María del Castillo, apostada sobre el enorme cuerpo de una roca que guarda en su interior una sorpresa de Juan de Flandes. La maravillosa tabla de la Adoración de los Reyes.

Dentro de un gran bloque de piedra, eremitas venidos del sur excavaron pacientemente un templo en busca de soledad y meditación. Su contrapunto es otra ermita, la de La Cruz, del siglo XVIII, que dió cobijo a la piedad de las familias poderosas. Su esbelta espadaña de tres cuerpos, rematada en un frontón, son pura elocuencia de lo que decimos. El embalse de Ruesga hace el papel de un gran espejo delante del Parador Nacional y, con el conjunto de la geografía cercana, conforma un paisaje que parece hecho de encargo para recrear la vista.

Cervera, a cuyos alrededores la primavera otorga cada año una manifestación de narcisos (conocidos en la comarca como "lirones") esconde, en los espesores de sus montes, venados y corzos, rebecos y jabalíes, y algunas especies protegidas como el urogallo, el lobo y el oso pardo. Pero la guinda, para muchos, es la flota dispersa de truchas asalmonadas que se desliza por los ríos delgados y transparentes de su paisaje.

El roble milenario en el Monte Estalaya es rigurosamente un bien patrimonial. Se le denomina familiarmente "el abuelo" y luce un perímetro de aproximadamente once metros. Al pie de Peña Tremaya, surge San Salvador de Cantamuda. La leyenda atribuye el nombre a la criada sorda y muda que prorrumpió en gritos cuando, acompañado a su señora Doña Elvira, atada sobre una mula y expulsada del castillo por el Conde Munio Gómez, estuvo a punto de precipitarse sobre el Pisuerga. La colegiata fundada por Doña Elvira constituye una de las muestras soberanas del Románico. De influencia asturiana, el pórtico, la mesa de altar con columnas, el conjunto de capiteles decorados y, en fin, la airosa espadaña de tres cuerpos son sencillamente emocionantes. Un reguero de pueblos pintorescos se extiende por el espacio.


Lagarto verdinegro

Piedrasluengas (frontera entre Castilla y León y Cantabria), Camasobres, Casavegas, abre ruta al valle de Liébana, a través del Camino Real entre Cervera y Potes. Lores, cuyos blasones recuerdan las intrigas entre señoríos civiles y eclesiásticos. Los Llazos, San Juan y Santa María de Redondo, Lebanza, con su majestuosa abadía, en el interior de un valle de gran belleza, una especie de "Vaticano" de la Pernía.

Polentinos, de caserío alargado. Estalaya, admirable paisaje de bosques y vallejos de buen pasto, Celada de Roblecedo, casonas con cubierta de doble vertiente de aire montañés, San Felices de Castillería y Herreruela, incomparables muestras de arquitectura y hábitat popular. Rabanal de los Caballeros, Valsadornín, Vallesespinoso de Cervera, Vergaño con su ermita de la Virgen de Llanillo y Ruesga no agotan todavía el brillante invemtario de sorpresas.


Casa Los Leones, siglo XVII

Salinas de Pisuerga en la ruta entre Aguilar y Cervera es casi como un microclima, cálido y suave. Tiene una muestra ejemplar del gótico en su iglesia y una venerada ermita, la de Quintahernando.

Rutas de los Pantanos
Es un itinerario asequible y regala uno de los paisajes más bellos de
la Montaña Palentina. Siguiendo la cuenca fluvial del río Carrión surgen los de Compuerto y Camporredondo. Hay dos estampas en sus alrededores dignas de mención: el pinar natural de Velilla y el hayedo de Otero de Guardo.

En torno a ellos, en cualquiera de las direcciones, hay que escoger numerosas excursiones por pueblos y paisajes de extraordinaria originalidad

  Siguiendo el río Rivera, afluente del Pisuerga, nos toparemos con el embalse de   Ruesga, que permite ciertos deportes naúticos, y el de Requejada, habitado   por una rica variedad de avifauna.

  La ruta puede concluirse en el embalse de Aguilar, que regula las aguas del   Pisuerga. Dispone de playa y su superficie reune las condiciones más óptimas   para la práctica de deportes naúticos como windsurf, vela, piragüismo, etc...

 
Es el espacio menos montañoso del norte palentino. Tiene como centro de gravedad a Aguilar de Campoó. Presenta una geografía de transicción entre las cumbres cantábricas y la planicie de Tierra de Campos. Empiezan a imponerse aquí las abiertas superficies agrarias en contraste con el paisaje ganadero de arriba. A pesar, o tal vez a causa, de esto, exhibe una riqueza y variedad orográfica, fluvial y de configuración de terrenos y paisajes capaces de deslumbrar a los que se sumergen en él. Las Tuerces y el Cañón de La Horadada, Covalagua, EL Mirador de Valcabado. O pueblos como Gama, Villanueva de Henares, Mave, Revilla de Pomar, con tan sólo botones de muestra de un espléndido inventario de vistas y visitas.

Aguilar con espesor histórico y artístico sin parangón en toda esta cartografía, ha creado como en las ondas concéntricas que se producen al arrojar una piedra en un estanque, un amplio radio de influencia en estilos de construcción, en vestigios de arte y en modelos administrativos. En su contorno físico saltan a la vista varios puntos de referencia; el Castillo de cinco torreones, encaramado en un alto que lo hacía inexpugnable, los restos de la muralla, con seis admirables puertas (de Reinosa, de La Tobalina, del Paseo Real, del Portazgo, de La Cascajera y de San Roque). La presencia de casonas y palacios con una profusión infrecuente de heráldica, acreditan una historia de intensa gestión política.


Casa Palacio de los Marqueses de Aguilar

El recuperado monasterio de Santa María la Real (premio Europa Nostra) es como una antología de los momentos de historia y de arte más estelares de Aguilar. Pero también la Colegiata de San Miguel obra final de dos épocas y dos estilos (románico y gótico) a la que se añade como remate de lujo una espléndida torre herreiana. Y la pureza también románica de la torre de Santa Cecilia. Sin olvidar el armonioso conjunto del Monasterio de Santa Clara donde las monjas clarisas, entre rexos y meditaciones, elaboran una exquisita repostería.
Deambulando por las calles del núcleo más genuino de la villa hay que detenerse ante las casas de un inusitado esplendor constructivo. El Palacio de Los Manrique, marqueses de Aguilar, la Casa de los VII Linajes, la Casa de Marcos Gutiérrez o la de los Valverde.

De un modo u otro, todos estos caminos se abren o desembocan en la Plaza Mayor, de generosos soportales, presidida por La Colegiata y ornamentada en uno de sus tramos por un lienzo corrido de galería y cristal verdaderamente espléndido. Comercios, bares, oficinas bancarias y entidades de servicios se han posicionado apretadamente en su perímetro, convirtiéndola en foco de intensa concurrencia. El embalse, dotado con magníficas instalaciones y servicios, es otro punto de atracción hacia el que convergen en el buen tiempo, excursionistas, amantes de la playa y aficionados a los deportes naúticos.

Partiendo de Aguilar, como si la geografía se hubiera planteado una dura competencia con la historia, surgen muestras notables. Así, Las Tuerces, con el Cañón de La Horadada Espacio Natural que constituye un ejemplo cárstico de increible belleza. Entre Pomar de Valdivia y Gama, en las inmediaciones de Mave, el Pisuerga desciende a profundidades casi de vértigo, entre farallones de pliegues rocosos y cuevas de formas que evocan el reino de lo fantástico.

En el espacio natural de Covalagua, en el término municipal de Pomar de Valdivia y en el Páramo de la Lora, el agua se ha entretenido , a lo largo de miles de años en una caprochosa tarea de esculpido, saltando frecuentemente al exterior en pequeñas cascadas. La Cueva de Los Franceses es uno de sus frutos. Se llama así porque fue enterramiento natural de los soldados galos cuando la Guerra de la Independencia. En sus entrañas, de los mantos calcáreos, ha surgido un mágico paisaje de estalactitas y estalagmitas que puede recorrerse por un itinerario de más de quinientos metros. Hay otras singularidades como el menhir megalítico, el "Canto Hito", el asentamiento de una ciudad prerromana, pueblo cántabro en el Monte Bernorio, el Pozo de los Lobos, o el mencionado mirador de Valcabado que se abre a una impresionante vista sobre el Valle de Valderredible.

Berzosilla hace de enclave del Ebro en territorio palentino. En el Peñón se conserva algún vestigio (aljibe) que atestiguan su papel de defensa en las tensiones entre árabes e hispano-cristianos. El abrigo natural de La Calderona o Cueva Mora guarda unos paneles grabados de la Edad del Bronce.

Tantas rutas, pues, como gustos o aficiones pueden programarse en cualquiera de las direcciones de la brújula. Un interminable recuento de entrañables pueblos con alguna peculiaridad o encanto que obligan a detenerse, nos saldrán al paso con hospitalidad. Es imposible citar a todos. A modo de ejemplo.

Vallespinoso de Aguilar (iglesia románica con torre defensiva Barrio de San Pedro, iglesia de San Andrés). Barrio de Santa María (ermita románica de Santa Olalla). Cabria con un privilegiado enclave sobre altozano que permite una gratificante vista del valle de Valdivia, Canduela, Bascones, Villaescusa, Villanueva de Henares.

 
Actividades

Hay actividades para todos los gustos y todos los presupuestos:

Montañismo; en las diversas modalidades de senderismo, excursiones de montaña, escalada, alpinismo, rutas de naturaleza, espeleología.

Ocio y deporte; esquí de travesía, deportes naúticos.

Aficiones; caza y pesca. Para los más especializados, bici de montaña, piragüismo, windsurf y vela.

  Taxi de montaña; para un conocimiento más minucioso del entorno.

  Rutas a caballo

  Ciclo rail; una atractiva propuesta que combina el pedaleo sobre un dispositivo   acoplado a los raíles de un tren que unía la Bobla con Bilbao, con el disfrute de   un soberbio paisaje

* La mayoría de estas actividades son suceptibles de hacerse con guías especializados
 

El Carrión bautiza con nombre y agua este insólito donde se yerguen los más altos picachos de toda La Montaña Palentina: El Curavacas (2.520 metros), El Espigüete (2.450 metros) y Las Lomas (2.451 metros). Nace en La Laguna de Fuentes Carrionas y mientras discurre por el paisaje crea dos anchos y acreditados embalses. El de Compuerto y el de Camporredondo, inagurado por Alfonso XII en 1916 y que ostenta el título de más antiguo de España.

Fuentes Carrionas es una apogeo de aguas. Abundan en la zona altos pozos y lagunas de origen glaciar de cuyos fondos, con los años, han brotado un conjunto de leyendas y tradiciones. Los pueblos se han asentado allí en el corazón de los valles fluviales o en las laderas, con recintos ricos en manantiales y fuentes.


Otero de Guardo y Embalse de Compuerto


Guardo hace de bastión en este peculiar territorio. El río Carrión cruza la villa como una arteria, dibujando un generoso valle para el asentamiento humano. En tiempos, debió ser un espacio codiciado por la riqueza de sus bosques de roble y haya, por los execelentes pastos de su suelo y por la calidad y cantidad en caza y pesca.

Próximo a nuestros días, el descubrimiento y la explotación del carbón de su subsuelo, le confirieron un intenso magnetismo que atrajo a una emigración abigarrada (Asturias, Andalucía, Extremadura...) Hoy mantiene el protagonismo de cabecera de comarca, centro comercial y foco de propuestas culturales y de ocio sobre una ancha área de influencias.

Desde el centro de la Villa, pueden trazarse un puñado de atractivos radios para visitar. El Monte de Corcos con uno de los bosques de roble más señero de la zona; el Valle de San Quirce o el Alto de Torales para cuyo ascenso puede elegirse senderos a pie o bicicleta. El río Carrión surca los municipios del sur de Guardo. Desciende radiante en este tramo otorgando al paisaje una extraña belleza, a la vez que brinda una gran oportunidad para la pesca. El verdor rodea en Mantinos las cuidadas viviendas del pueblo y su hermosa iglesia. Villalba de Guardo conserva una mansión blasonada y espléndidas vistas sobre el valle. Fresno del Río nos regala con sus frondosas y delicadas riberas. En todo este paraje, hay una insólita concentración de nidos de cigüeñas.

En un arco más amplio, en Velilla del Río Carrión hay que detenerse a contemplar la Fuente de la reana con antigüedad de más de dos mil años. Sobre la lámina rectangular del estanque se alza un gallardo arco romano de sillar. Dos acueductos, El Camino de Los Moros y EL Griego conservan aún alguno de los túneles excavados en roca viva. Existe también unmilagro de la arquitectura barroca, la Casa del tío Manteón, con fachada de sillería, de la que brotan tres soberbios escudos.

Hay que seguir hacia Otero de Guardo, encaramado en un paisaje privilegiado, con el embalse a sus pies y envuelto en un microclima que tolera en su suelo árboles frutales. Hay un hayedo legendario.

Fuentes Carrionas es un rosario de pueblos y con ellos un rosario de leyendas, de rincones, de vestigios ancestrales; los dos Cardaños, Camporredondo, Alba, La Lastra, Rebanal de Las Llantas, Resona, San Martín de los Herreros, Santibáñez de Resoba, Triollo, Ventanilla.

La Peña; Es algo así como una denominación de origen. Marca territorio en un peculiar espacio de la SIerra del Brezo. En sus alrededores dos pueblos de entidad llevan su apellido: Santibáñez de La Peña, cuyas ruinas mediavales del Monasterio de San Román evocan el poderío socioreligioso de aquel tiempo. Hay ofertas muy atractivas: El manantial de Villafría, los páramos del Cornón de La Peña, las lagunas naturales de Respenda de La Peña, La Cuevona, Villanueva de Arriba.

En Castrejón de La Peña, la iglesia parroquial de Santa Águeda, es del siglo XVI. El pueblo se abre en un abanico de paisajes; Barranco de Santa Eulalia, Desfiladero de los Valles, Peña Redonda, Valle de Boedo, Río Las Cuevas, Castro de Las Perdices.

Villanueva de La Peña exhibe campanario de vecería. Pisón de Castrejón con la admirable espadaña y el friso gótico de su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y un breve esplendor de capiteles y canecillos.

Por último, Traspeña de La Peña, redundancia donde las haya, en una muestra extraordinaria del gótico en su iglesia parroquial y en la Cruz del Término, aparte de la soberbia presencia de "La Casona" con la fachada principal de piedra de sillería, ornamentada con un blasón. Recueva de La Peña y Loma de Castrejón dan motivo para visitar sus templos y sus hermosos alrededores. Dehesa de Montejo posee un lejendario bisque de tejos en el valle de Tosande.


Casa Grande de Ventura Rodríguez, Guardo

 
Espeleología
Abundan las cuevas y los aficionados a la espeleología tienen en este espacio una cita atractiva. He aquí algunos nombres:

1. Cueva de Agudín, en Cardaño de Abajo. Tiene un desarrollo horizontal de dos pisos y exhibe una gran variedad de cristalizaciones.

2. Cueva Honseca, en Velilla del Río Carrión. De dos niveles, aunque de características muy diferentes a la anterior. En época de lluvias en nivel inferior puede sifonarse

3. Cueva del Cobre, en Santa María de Redondo. Se extiende a lo largo del tramo subterráneo del río Pisuerga, aproximadamente durante 8,5 Km. En un nivel de más de doscientos metros puede contemplarse un atractivo panel de meandros, marmitas profundas y cascadas.

4. Cueva Cova Nostra, en Velilla del Río Carrión. De dimensiones discretas y de recorrido sencillo, ofrece, sin embargo, un rico muestrario de formaciones.


* Conviene disponer de plano topográfico, iluminación mixta, y en algún caso equipo completo para ascenso y descenso. Precauciones en época de lluvia. A los que acceden por primera vez, es aconsejable que sean guiados por expertos