Recordaremos de nuestros tiempos de estudiantes las expresiones que leíamos en nuestros diccionarios y me ha venido a la mente aquella frase que decía: "esto es una mina" y su significado nos planteaba esta respuesta: "aquello que produce mucho beneficio con poco esfuerzo". Pero ahora nos hemos dado cuenta de que "esa mina" de la que hablaban en los diccionarios no es la que nosotros hemos compartido en "la explotación" con el minero, ni la que nos han contado los pechos silicosos de los picadores, jubilados forzosos. ¡NO!, ¡Ni mucho menos! Algunos de éstos, ya mayores, nos hablan de cuando aquí comenzó la "fiebre negra", cuando los hombres de esta tierra y de otras se enterraron en la misma como hormigas previsoras, cuando a golpe de hacha se abrió luz en el bosque y a "bergazo" de pico se horadó el pozo y más tarde salieron los primeros quintales del "diamante bastardo".

Cuentan las tradiciones que la riqueza minera de la Braña comenzó en el año 1843: un sacerdote al dirigirse por un camino tortuoso a la feria de San Andrés, en Aguilar de Campóo, tropezó con una piedra negra y brillante que estaba en el sendero, la miró y al mirarla recordó haber leído que existían piedras como aquella o muy parecidas, que ardían como la madera.

Minas de Vallejo de Orbó - Vista de los lavaderos y central

 

Grabado de un minero de la zona

Éste recuerdo despertó en él la creencia de que acaso aquella piedra pudiera ser hulla que tanto se pregonaba por aquel entonces, y acompañando la acción a la idea, guardó cuidadosamente el presunto tesoro dispuesto a experimentar su virtud en la primera ocasión. Y cuál no sería su sorpresa al comprobar por sí mismo que aquella piedra ardía y daba calor como él había leído u oído en narraciones de gentes entendidas; pero fue mayor la sorpresa al clavar un pico en el lugar donde encontrara la piedra y convencerse que el manantial de riqueza era una realidad. Se apresuró a ofrecer su secreto a los señores de Collantes, quienes lo vieron y gratificaron al venerable padre con la cifra de 6.000 reales. Luego, estos señores lo cedieron al Banco de Crédito Mobiliario en la cifra de 700.000 reales, y este lo vendió a Ferrocarriles del Norte en la cifra de 1.000.000 de pesetas, y éste, en marzo de 1922, se lo vendió a S.A.Minas de Barruelo.

La estructura de las Minas es de unos 8 Kilómetros de longitud, la forman dos grupos de capas de hulla. El inferior es un haz de 12 capas, y el superior es de 3 capas separadas por una zona estéril de 700 metros de anchura.

La Mina más vieja fue Mina Dolores en los Perajidos el año 1848. A este pozo siguió, y desconocemos el orden, el Calero, Dos de Valle, Perajido, San Rafael..., sus barrios mineros: Elechar, Mercedes, Vallejo de Orbó, y Barruelo, de ser un pequeño villorrio, pasó a ser el emporio base de nuestra provincia. Los hombres olvidaron sus apellidos y pasaron a llamarse: fulano, "el picador", zutano, "el pegas", mengano, "el penitente"; todos ellos apelativos de su categoría profesional dentro de mina.

Minas de Vallejo de Orbó - Vista general

Minas de Vallejo de Orbó - Máquina y castillete del pozo de extracción

Pero algo tiene la mina...
¿por qué la añoras, minero?
¡No lo sé!, forastero,
pero mañana regresaré al Calero
Muchas eran las categorías profesionales: picador, ramplero, entibador...De casi todos son conocidas sus misiones, pero hay una que a nosotros nos llamó la atención y aunque existió en un principio y luego desapareció por los adelantos técnicos, merece que hagamos mención de ella, "el penitente": su misión, el bajar a la explotación antes que la plantilla de obreros, y con una lámpara de seguridad, un levitón realizado en lana que recordaba a las chillabas árabes y un bastón con un cotón en un extremo, recorría la explotación en busca del "gas asesino", el grisú, y donde encontraba una bolsa del mismo, arrojaba el bastón con el cotón inflamado tirándose al suelo para que la llamarada no hiciese de él un " hachero". Solucionado el problema, la brigada comenzaba su trabajo.

Otros miembros que integran las minas son las bestias de tiro, con las cuales comparten las lóbregas galerías con paso seguro arrastrando a los trenes de vagonetas, que en algunas explotaciones disfrutaban de mejor alojamiento dentro de la mina que el propio minero en sus barracones.

Nos contaron en Vallejo de Orbó que en cierta mina estos animales entraban de jóvenes y no salían nunca, ya que tenían establos confortables dentro de la mina, los cuales no existían en ninguna otra explotación de la época.

En otra mina de ésta zona, el ingenio humano evolucionó hasta el hecho de embalsar agua en ciertas galerías y transportar el mineral en barcas hacia el exterior, convirtiendo a la explotación en una Venecia subterránea (aunque algo menos romántica).

El minero en su trabajo, es taciturno, poco hablador. Toda su expresión corporal y anímica se ralentiza dentro de la mina: "abajo no se pueden hacer las cosas a lo loco", todo está estudiado por la ciencia de la experiencia. El joven minero aprende del mayor estudiando sus movimientos. El minero no se tiene que agotar, tiene que distribuir sus energías para toda la jornada de trabajo; con el agotamiento viene la obcecación y con ella ocasionar un riesgo; toda postura está estudiada para ahorrar energías.

Las minas son "ciudades de noche eterna", donde conviven varios centenares de hombres con una organización y ordenanzas propias impuestas por la gran madre naturaleza a cambio de dejarles ahondar su epidermis, aunque algunas veces haya que pagar alto precio.