EL PRIMER CINE DE PALENCIA
La aparición de las salas de proyección supuso un cambio muy
importante par el cine, que dejó de ser una atracción de feria
para convertirse en una llamada cultural de primer orden. En torno a 1905,
aparecieron en España las primeras salas, aunque su acogida fue desigual
den las distintas comunidades. La sociedad catalana, por ejemplo, aceptó
gustosa los nuevos locales, mientras que otras capitales como Madrid mostraron
menos entusiasmo y obligaron al cine a convivir algún
tiempo más con los espectáculos de variedades (9) . Las primeras
salas
de cine propiciaron además la aparición de un nuevo modelo de
edificio,
orientado en exclusiva a la proyección de películas y bien diferenciado
de
los recintos teatrales precedentes. Una característica de los locales
cinematográficos fue su sencilla estructura. Palcos, plateas y demás
divisiones comunes en los coliseos teatrales desaparecieron en los nuevos
inmuebles, construidos con una simple división de patio de butacas
y
general (10) . Respecto a la estética de los edificios, fue muy variada
en
los años iniciales y tendió a trasladar una imagen de modernidad,
con
matices ricos en sofisticación y lujo. Con el tiempo, los estilos registraron
sucesivas tendencias en función de las modas dominantes en cada momento.
En Palencia, el autor Pedro Miguel Barreda señala que la primera
sala
utilizada para ofrecer sesiones regulares de cine fue el Teatro Principal.
En
este local, las proyecciones comenzaron en diciembre de 1911. El Salón
Novedades, inaugurado en diciembre de 1913 y dedicado por igual a
proyectar películas y a ofrecer espectáculos de variedades,
fue el siguiente
cine de la ciudad, Ya en 1920, la asociación de exploradores ofrecía
también películas en su sede, coincidentes en el tiempo con
el nacimiento del Cine Jeromín, ubicado en el centro San Isidoro. El
26 de febrero de 1922 comenzó su andadura el Cinema España,
al que siguió poco después el Cinema Rojo
(11). Llegados a este punto, conociendo ya los primeros cines aparecidos en el país y en Palencia, hay que preguntarse por la situación de la Montaña Palentina. Ha sido referido que la zona experimentaba a comienzos de siglo un notable crecimiento gracias a la minería y, dentro de la comarca, el Valle de Santullán ha sido descrito como el núcleo de principal desarrollo. Sin embargo, ¿hasta qué punto podía equipararse el progreso de este enclave al de una capital de provincia?, ¿era en realidad el Valle de Santullán un núcleo de notable entidad o tan sólo un espacio rural destacado sobre sus vecinos cercanos?, ¿se correspondía el progreso minero con avances destacados en otros campos?. Teniendo en cuenta la materia abordada por este libro, las preguntas anteriores quedaban reducidas a una sola: ¿pudo el Valle de Santullán albergar alguna manifestación cinematográfica comparable a las de la capital provincial?. La respuesta no sólo es sorprendentemente afirmativa, sino que además representa un argumento de peso para valorar en su justa medida el nuevo mundo que en pocas décadas había florecido en la cuenca del Rubagón. Paradójicamente, pese a su mayor tamaño, no fue Barruelo el pueblo que contó con la primera sala de cine de la zona. Ese privilegio le correspondió a Vallejo de Orbó.
Gabino Salazar y Joaquín Duque, empleados de la central eléctrica de las minas de Vallejo redactaron en 1944 una carta al Gobierno Civil en la que ofrecen una pista inicial sobre la primera sala de la Montaña. En su escrito, los obreros demandaban una licencia para reabrir el cine de su pueblo, entonces cerrado, y adjuntaban una memoria en la que aparece el siguiente párrafo: " en el año 1910 fue construido por el director D. Arturo Zoreda, como Director de la Carbonera Española de Minas de Orbó, un local destinado a cine cuya finalidad era crear un ambiente de hermandad entre los mineros de aquella zona y al mismo tiempo separarlos de las cantinas y evitar la salida a otros pueblos y de lo que fue un éxito. Este cine fue construido con el fin de proyectar películas mudas" (12) .
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(9) : El primer cine de Madrid fue el Coliseo Imperial, inaugurado en 1905. Algunas de las principales salas edificadas poco después fueron el Cine Doré, abierto el 19 de diciembre de 1912, o el Ideal, convertido en uno de los más importantes de la época gracias al arquitecto José Espeliús. Ya en los años veinte, Teodoro Anasagasti construirá otros cines de singular relevancia, como el Real Cinema o el Monumental. En 1931, Luis Martínez Feduchi edificará en Madrid el Capitol, otra de las obras cumbre de la arquitectura cinematográfica española. Fuera de nuestro país, la ciudad de Nueva York alberga desde 1913 al Regent Theatre y al Strand Theatre. Estos edificios, auténticos palacios, contaban con impresionantes dimensiones y derroche de lujo en todos sus detalles, lo que les han llevado a ser considerados como los recintos más relevantes del comienzo del siglo. Fuentes: Martínez, J.: Los primeros veinticinco años de cine en Madrid (1896-1920), Filmoteca Española y Consorcio Madrid 92, Madrid, 1992. Ramírez, J. A.: La arquitectura en el cine. Hollywood, la edad de oro, Alianza, Madrid, 1993.
(10) : La general la formarán las plazas situadas en el fondo de la sala a una altura superior a la del patio. Estas localidades, conocidas también popularmente con el nombre de gallinero, serán ocupadas la mayoría de las veces por los espectadores más jóvenes, entregados con igual pasión a la visión de la película y a la práctica de la algarabía. Centeno Alba, J. C.: Los teatros y cines de Vitoria. Arquitectura para el espectáculo, Ayuntamiento de Vitoria, Vitoria, 2000.
(11): Barreda, Pedro Miguel: Cosas que pasaron. Charlas radiofónicas con May Chaparro, Cálamo, Palencia, 1998.
(12): Archivo Histórico Provincial de Palencia (AHPP): Gobierno Civil, 54.514.
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